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SANTIAGO DE CUBA

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SANTIAGO DE CUBA


La Ciudad de Santiago de Cuba
Ciudades, Pueblos y Lugares Cubanos

Catedral de Santiago de Cuba. Foto 2004.

Ciudad capital de la provincia de Oriente, cabecera de su municipio y durante comienzos de la colonia, capital de Cuba. Fundada en 1514, después de Baracoa, es la segunda población de la isla por su antigüedad, como es por su historia la primera. Habían sido decididas las fundaciones de Bayamo, Trinidad y Puerto Príncipe (Camagüey) cuando el Adelantado Diego de Velázquez, al notar la posición del lugar, la facilidad de sus comunicaciones con la isla de Santo Domingo, residencia entonces del gobierno de Indias, la mayor abundancia de vestigios minerales y la maravilla de su naturaleza, decidió anticipar ésta y emprenderla personalmente.


Llamó de Baracoa a sus familiares y deudos más estimados y favorecidos: Bernardino de Velázquez, Gonzalo de Guzmán, Hernán Cortés, Pánfilo de Nárvaez, Pedro de Paz, Pedro de Barba y Amador de Lares, entre los principales, quienes fueron los primeros pobladores y quienes en unión del Adelantado trazaron los solares y procedieron a fabricar la iglesia y sus viviendas, habiendo traído al efecto numerosos indios y séquito. Esta fundación absorbió la casi totalidad de la colonia de Baracoa y parte de la destinada a Bayamo. En ese mismo año de 1514 se constituyó su ayuntamiento, en realidad el segundo de toda la América. Aquí fijó su residencia el mismo Adelantado, así como los personajes y capitanes más famosos de cuantos llegaron a Cuba. En 1515 Santiago substituyó a Baracoa en su capitalidad, con la diferencia de que esa lo fue provisional y Santiago efectivo y en 1522 le fue otorgado título y armas de ciudad y exaltada su iglesia a catedral de la isla con obispado por bula del pontífice Alejandro VII y suprimida al mismo tiempo la de Baracoa.


Diego Velazquez de Cuellar, fundador de la ciudad de Santiago de Cuba. Foto 2003.

En 1516 un incendio destruyo la naciente población, que fue reconstruida inmediatamente y que en el año anterior había mudado del llano próximo al río Paradas, al noroeste del puerto, para evitar la plaga de las hormigas llamadas carniceras que infestaban aquel lugar. Santiago de Cuba creció rápidamente y cuales no serían su riqueza y espíritu que de este puerto salieron, en los primeros meses de 1518, la expedición exploradora de la costa mexicana que dirigía Juan de Grijalba, la de noviembre mandada por Hernán Cortés con diez navíos y que dio un mundo a España y la de marzo de 1520 de Pánfilo de Narváez, compuesta de 18 buques con más de 1,100 combatientes, sin incluir a la tripulación ni figurar tampoco ningún indígena, salvo los contados que se utilizaron como interpretes.


Todo, pues, salió de Santiago de Cuba y a esta ciudad prócer se debe aquella epopeya gloriosa que si fue de gloria y provecho para España y sus capitanes corresponde a Cuba y a sus riquezas y elementos aquel parto doloroso que la dejó debilitada y retardó su expansión, pero no exhausta ni agotada.


En 1521 fueron traídos por este puerto los primeros negros en número de 300 procedentes de la inmediata isla de La Española.


El Ayuntamiento de Santiago de Cuba detrás del Parque Céspedes, frente a la Catederal. Foto 2003.

En 1524 murió el Adelantado en esta ciudad de su residencia, en una casa que hacía esquina a la catedral y que en 1843 se conservaba todavía, la misma que ocupó la sociedad del Centro Gallego, esquinas San Fernando y Estrada Palmo. Fue enterrado en la primera catedral. Una lápida en latín lo atestiguaba. La traducción literal al castellano, hecha por el señor José Adsuar y Pozzi en la década de 1940: “Aquí yace el muy noble y poderoso Don Diego Velázquez, Gobernador de las Islas de Yucatán, quien las descubrió a costo de mucho trabajo y a sus expensas las sometió para honor y gloria del Dios Todopoderoso y de su Rey. También sometió y pacificó a expensas suyas esta Isla. Murió en el año del Señor de 1524.”


Al Adelantado le sucedió interinamente en el gobierno don Manuel de Rojas, uno de los primeros pobladores, al cual sucedieron Juan Altamirano (1525), Gonzalo de Guzmán (1534), Hernando Soto (1537), Bartolomé Ortiz (1538), Juanes Dávila (1544), Antonio Chávez (1546) y Gonzalo Pérez de Angulo (1550), siendo este último el primer gobernador de la isla que traslado su residencia a La Habana.


En 1528 se empezó a construir el primer edificio catedrático (puesto que la iglesia de Santa Catalina, que fue la primera que levantaron, no era tal), siendo su creador el obispo fray Miguel Ramírez de Salamanca y terminándose en 1555 por el obispo Fernando de Urango. Fue quemada por los corsarios en 1603.


En la ciudad de Santiago de Cuba. Foto 2003.

De aquí partió en 1538 Hernando de Soto para su exploración y conquista de la Florida, nueva sangría humano y de riqueza poro Cuba. Y así se explica el decaimiento que experimentó en todos sus ramos y en su población la isla, que sobre los cargos soportados veía emigrar a los mejores. Por lo que se refiere a Santiago, el traslado de la capitalidad a La Habana, verificado por el gobernador Pérez de Angulo, vino a dejarla en manos subalternas y sin los estímulos de los primeros tiempos de Diego de Velázquez y de la colonia y al mismo tiempo expuesta a las invasiones de los piratas y corsarios, de los cuales tonto sufrió.


En 1547 comenzó la exportación de cobre de las minas de este nombre por el puerto de Santiago de Cuba. En 1557 se le concedió el uso del pendón real con las armas de Castilla y León. En 1583 cuatro buques corsarios de franceses con un contingente de 400 arcabuceros se apoderaron de la ciudad, permaneciendo en ella un mes, hasta que el vecindario pudo pagar los 80,000 pesos fuertes, que este era aproximadamente el monto de la moneda circularte en su demarcación. Estas calamidades decidieron a muchos vecinos a trasladarse a lugares más alejados de la costa, especialmente Bayamo, entonces en el apogeo de su esplendor y comercio.


Hasta los obispos abandonaron esa su sede con parte del cabildo, desechando incluso requerimientos de la autoridad y aun de la corte para que permanecieran en su puesto, conducta indigna que comenzó el obispo fray Antonio Díaz Salcedo hacia 1580. Y por si todas estas calamidades y otras muchas fueran pocas, en 1607 el rey de España por cédula de 8 de octubre dividió la isla en dos gobiernos, Habana y Santiago, éste supeditado al primero. Y supo entonces Santiago de la miseria, al extremo de que en su vecindario llegó a faltar médico y teniendo que aceptar la asistencia de la curandera Moría Nava.


En el Morro de Santiago de Cuba. Foto 2003.

Ni para la defensa de su costa obtuvo Santiago recursos de la corte, no obstante las súplicas que en este sentido dirigió el gobernador Juan de Amezqueta. Madrid estaba bien lejos y el gobierno de La Habana, su intermediario, mejor guardado de los corsarios. En 1633 el gobernador capitán Pedro de la Roca y Borja, caballero de Santiago, obtuvo un pequeño auxilio para establecer un pequeño terraplén de defensa y vivienda para 30 hombres de los 90 que integraban toda la fuerza de la ciudad, comenzando esas obras en 1640. De este gobernador fue la primera fuente pública de agua de San Pedro y un edificio, el mejor de entonces, para su residencia. Bartolomé de Osuna, gobernador desde 1643 a 1648 fabricó, también para su residencia, una magnífica y elegante casa en el alto llamado de Santana, que después tomó el nombre de ese señor. Y de su sucesor Felipe de Rivera, almirante de galeones, no quedó más que el recuerdo de las fiestas religiosas que organizaba y de la procesión de los encamisados con que comenzó a celebrarse la fiesta de la aparición de San Miguel.


No obstante la inocuidad de aquellos burócratas titulados, Santiago de Cuba venía creciendo de nuevo, si no con la rapidez y empuje de los primeros tiempos, sí con un ritmo seguro y ordenado. La causa fue debida a la inundación del Cauto en 1616, que al obstruir la boca de ese río hizo imposible la navegación por esa ruta y Bayamo sin comunicación marítima, lo cual indujo a muchas familias a trasladarse a Santiago de Cuba. Y luego en 1655 la emigración de más de 1,000 vecinos de Jamaica que se trasladaron huyéndole a las persecuciones y crímenes de los ingleses, en cuyo poder había caído la isla al sur. El ejemplo de la pérdida de Jamaica sirvió de estímulo al gobernador Pedro Bayona Villanueva para solicitar a la autoridad jerárquica superior de La Habana y al presidente de la audiencia de Santo Domingo elementos y fuerzas de defensa para un posible ataque de los forajidos ingleses que ocupaban Jamaica. No obtuvo todo lo que pidió por la premura del tiempo, pero lo suficiente para defender la plaza si osaban acercarse.


La bellas playas y hermosos paisajes de Santiago de Cuba. Playa Siboney con su balsa. Foto 2003.

El destino quiso que ese hombre inteligente y previsor saliera para España en 1659 con planes para las fortificaciones de Santiago de cuba y la reconquista de Jamaica. En su ausencia y gobernando Pedro Morales, 18 veleros ingleses y 900 arcabuceros se presentaron frente a Santiago de Cuba, siendo culpa de la incapacidad de este funcionario y la desmoralización de la ciudadanía la toma de la población, en la cual permanecieron cerca de un mes, de mediados de octubre hasta mediados de noviembre de 1662, destruyendo, quemando y llevándose cuanto tenía algún valor. Afortunadamente regresó Bayona por segunda vez en 1664 con refuerzos, dinero y elementos para la realización de sus planes de defensa aprobados por la corte, a los cuales puso atención en seguida.


Volvió el Morro a reconstruirse en forma adecuada, así como la ciudad, a la cual ese hombre recto y honesto prestó el caudal de su inteligencia, amor y buena voluntad y cuya gestión gubernativa tanto benefició a Santiago de Cuba. ¡Tanta sería la autoridad, recursos y prestigio de este hombre, que hasta el obispo decidió regresar para proceder a la reconstrucción de la catedral y demás de su jurisdicción! En esos años de mando del gobernador Bayona comenzó la construcción de la segunda catedral, que se terminó y bendijo en 1674 y que también destruyó dos años más tarde un terremoto. En 1686 comenzó la fabricación de la tercera catedral, que se inauguró en 1690.


Aquí comienza un período de gobernadores que salen presos o sometidos a juicio y paralelamente un activo negocio de contrabando con los ingleses de Jamaica, que fue el único desquite de esta ciudad, tan castigada por los desmanes de la naturaleza, las irrupciones de los bandidos y la incapacidad de los gobernantes. Sobresale en este largo período Juan Barón de Chávez, quien en 1704 organizó una expedición de castigo contra los ingleses, a los cuales con sólo 150 hombres y 2 barcos fue a buscar a sus dominios, venciéndoles y haciéndoles más de 100 prisioneros, pasó a cuchillo a otros 100, arrasó todas sus fortificaciones y se apoderó de un rico botín de 13 embarcaciones, 22 cañones, muchas armas y trofeo, y regresó a Santiago de Cuba. A consecuencia de esa gesta genuinamente santiaguera, Felipe V concedió a la ciudad el título de muy noble y muy leal. Pero lo esencial fue que pudo fortificarse mejor el Morro, aparte del escarmiento dado a los corsarios del rey de Inglaterra.


El gobernador Cagigal de la Vega puso al servicio de la defensa de Santiago de Cuba lo mejor de su temperamento organizador y gracias a su actuación el real pirata ingles Vernón no pudo alcanzarla y aun tuvo que abandonar Guantánamo. Debe Santiago a Cagigal varias de sus construcciones de defensa, un matadero nuevo, dos cuarteles y otros servicios de orden público. A su gestión y a sus instancias se debió el que Santiago adquiriese desde entonces excepcional importancia militar y no relegada al olvido del gobierno como un museo arqueológico de los recuerdas de la primitiva colonización. Alonso de Arcas, sucesor de Cagigal, no solo supo evitar el desembarque de ingleses y causarles dañas y víctimas de consideración en sus intentos, sino que organizo expediciones corsarias que regresaban a Santiago de Cuba con numeroso botín.


La alegría de Santiago de Cuba. Foto 2003.

Ya terminada la guerra con los ingleses, dedicó sus afanes a las faenas de la paz, promoviendo el fomento urbano de la ciudad, la extensión de su jurisdicción y la fundación de Holguín, florón de esta provincia. Santiago de Cuba dio muestra de su espíritu acudiendo presto y fervoroso a la defensa de La Habana en su sitio, organizando dos destacamentos de un conjunto de 400 hombres y aprestándose a nuevos reclutas; la distancia y los temporales no les permitieron llegar a tiempo y la mayoría de ellos, en lugar de aceptar las condiciones de la capitulación, se retiraron para incorporarse al castillo de Villaclara.


El 12 de junio de 1766 un terrible terremoto sacudió la ciudad, causando víctimas sin cuenta y ruinas por doquier, en cuya reconstrucción puso dinamismo y actividad ejemplares el Marqués de Casa Cagigal, sobrino del gobernador de su nombre, quien además supo dar muestras de su espíritu y de sus deberes de jefe de una comunidad en desgracia. Afortunadamente Santiago de Cuba era tierra de hombres fuertes y dignos y sin mirar al pasado ni lamentarse inútilmente sobre el presente se consagraron a reconstruirla preparándola para un mejor porvenir. El hecho de la vitalidad santiaguera nos lo demuestra lo siguiente: en 1774 el censo le asigna una población de 19,374 habitantes, no obstante las ruinas, invasiones y calamidades soportadas. En 1777 un temporal de agua inundo a toda la provincia y al año siguiente sufrió un huracán devastador.


En 1785 se decretó la construcción de la nueva catedral (la cuarta), pero se tardaron algunos años en empezar. En 1788 tomó posesión el gobernador Juan Bautista Vaillant, el cual fomento la agricultura en grado extraordinario, emprendió las obras de empedrado y alumbrado público de la ciudad, reedificó la iglesia del Carmen, fabricó una cárcel y la amplio creando edificios para el ayuntamiento, gobierno y otros dependencias; reconstruyo el muelle, reformó y hermoseó la Plaza de Armas y desterró los juegos de azahar; estableció escuelas de primeras letras y de cultura superior y humanidades e hizo la famosa Alameda de ceibas frondosas con bancas y demás ornamentación en la explanada llamada Loma Hueca, aprovechando el largo espacio entre la población y la ribera y que desgraciadamente desapareció al ensancharse la ciudad.


En el carnaval de Santiago de Cuba. Foto 2004.

En 1808 fue erigida en archidiócesis; en 1810 se colocó la primera piedra de la cuarta catedral, que se inauguro el 24 de abril de 1818 y sufrió desperfectos con el terremoto de 1852, invirtiéndose 23,000 pesos en su reparación. Esta catedral fue ascendida en 1879 por el pontífice a Basílica Menor Metropolitana. Santiago de Cuba recibió amorosamente y con humanidad y cordialidad inigualable a las emigradas de la revolución de la isla de La Española, a los cuales debió el incremento de su agricultura y numerosos cultivos nuevos. Esos emigrados cubrieran aquellos campos desiertos de la jurisdicción de esta ciudad de ingenios, cafetales y algodonales. Tan beneficiosa resultó esa inmigración, que sólo la exportación del café, que no había pasado de 8,000 arrobas, aumentó seguidamente a 80,000 y a 300,000 después de los cinco años de su arribo a Cuba. La ciudad se benefició y de esa fecha data un nuevo y fuerte período de crecimiento.


Desde ese momento la historia colonial ya no ofrece interés alguno: a las gobernadores siguen los gobernadores, repercuten aquí las intrigas y la corrupción que minó el cuerpo político de España desde los tiempos de Fernando VII y de su hija la “reina castiza”; vienen los delegados de la monarquía borbónico a hacerse del dinero a cualquier precio y por toda la isla se notaba ausencia de justicia, de higiene, de sanidad, a cambio de monopolios, esclavitud moral y económica... Los cubanos sienten la inquietud de la libertad y de su emancipación de ese extraño poder que no les permite categoría humana ni desenvolvimiento cultural y económico colectivos... Los días plenos de la patria se anuncian... Aquí, en estas aguas, fue destruida aquella escuadra de madera y carcoma. El 17 de julio de 1898 el general Toral, al frente de 23,000 hombres, entregaba su espada al general norteamericano Shafter.


Bajo los nuevos tiempos, Santiago de Cuba se desarrolló industrial y comercialmente, al igual que agrícola, minera y económica. Siempre con cierto ritmo ascendiente y fruto de la labor de sus propios hijos. No obstante las comunicaciones y el crecimiento de otras aglomeraciones urbanas en la provincia, Santiago de Cuba conservó su señorío y atracción. Tenía buenos edificios, barrios de residencia, colegios, institutos, laboratorios e industrias.


Santiago de Cuba, por obra de los Bacardí, supo crear una industria de tipo nacional con categoría internacional y de estima universal: la de licores, y para concretar, la del acreditado Ron Bacardí. Nombre ilustre que no sólo legó una industria a Cuba, sino un Museo y una Biblioteca como pocos en el mundo.


¡Emilio Bacadí y Moreau y familia, siempre recordados! en el cementerio de Santiago de Cuba. Foto 2003.


Población de la Ciudad de Santiago de Cuba de Acuerdo a los Censos
Censo 1953 1943 1931 1919 1907 1899 1861
Población 163,237 118,266 101,508 62,083 45,470 43,090 36,752

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